Pages

Friday, October 25, 2013

Pistas genéticas para combatir la obesidad severa


Desde que se demostró que algunos individuos llevan en su ADN determinadas 'instrucciones' que les hacen más propensos a acumular kilos de más, la ciencia no ha dejado de buscar estas pistas con el objetivo de obtener nuevas armas contra la obesidad. Aunque la mayoría sigue oculta en la maraña del genoma, poco a poco algunas van saliendo a la luz.
Los últimos en conseguir un avance significativo en este sentido han sido un equipo de científicos británicos que, tal y como afirman en la revista'Cell', han logrado identificar varias mutaciones genéticas directamente relacionadas con el apetito y con cómo el organismo 'quema' las calorías.
En concreto, estos investigadores de la Universidad de Cambridge han demostrado que varias mutaciones localizadas en KSR2 provocan en quienes las portan una mayor sensación de hambre y una tasa basal metabólica más lenta. Es decir, estos individuos que las llevan en su ADN tienen más apetito y su cuerpo tiene más dificultades para controlar el balance energético que el del resto.
Este equipo dirigido por Sadaf Farooqi había observado previamente en ratones que la manipulación de este gen se traducía en un claro aumento de la obesidad en estos animales.
Con el objetivo de dilucidar el papel que este gen cumplía en los humanos, analizaron el ADN de más de 2.000 pacientes con una obesidad severa y lo compararon con el de algo más de 1.500 individuos de control.
Y su estudio demostró el rol de KSR2 en la regulación del peso y distintos procesos metabólicos.
Tal y como explican, este gen cumple un papel importante a la hora de que las células procesen correctamente las señales que envían hormonas como la insulina. Sin embargo, las raras mutaciones detectadas impiden que este proceso se realice con normalidad, reduciendo por tanto la capacidad de las células para usar la glucosa o los ácidos grasos, por poner dos ejemplos.
Una muestra de que los pacientes con estos 'defectos' genéticos tienen dificultades para 'utilizar' la energía que consumen, es que los portadores tenían una tasa metabólica reducida, es decir, 'quemaban' las calorías de una forma más lenta que el resto. Además, estos individuos tenían un gran apetito desde niños, señalan los investigadores.
"Hasta ahora, los genes que se habían identificado y que se relacionaba con el peso corporal afectaban en gran medida al apetito. KSR2 es diferente porque también cumple un papel a la hora de regular cómo la energía se emplea en el cuerpo", ha señalado Farooqi en una nota de prensa distribuida por la universidad.
Por eso, en el futuro, conocer mejor este gen y sus 'habilidades' puede ser una importante estrategia para combatir la epidemia de obesidad, ha subrayado.
Según explica José María Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica de la Universidad de Tufts (EEUU), investigador y colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA), este gen era "conocido desde 2008 por su asociación con la obesidad e hiperfagia en ratones". Sin embargo, hasta la fecha, la mayor parte de la investigación sobre su actividad se había conducido hacia el cáncer.
En este sentido, el trabajo de Farooqi "es el primero en este nivel genómico, es decir, con secuenciación y en humanos que en el ámbito de la regulación del peso asocia unas mutaciones genéticas con cómo consume la energía el organismo", señala Ordovás.
Sin embargo, con estos datos en la mano, no se puede inferir cuál es la influencia real de estos genes. "Basados en este estudio no podemos concluir mucho acerca del impacto de este gen en la obesidad común en la población, ya que se ha llevado a cabo con una población muy seleccionada".
Es más, por sí solas, estas mutaciones no explican por qué algunos individuos tienen un apetito insaciable desde niños. "Puede ser que en algunos casos pocos frecuentes, este sea un motivo de ese comportamiento. Pero desde luego no el único, como ya sabemos por otros genes, como el de la leptina", indica Ordovás.
Ahora, es el momento de continuar con la investigación. "Hay que ver la frecuencia de estas variantes raras en la población general para conocer su impacto", concluye Ordovás.

Friday, October 4, 2013

Rutinas caseras contra el sobrepeso


Luchar contra la obesidad exige mucho más que invertir en campañas que promuevan una buena alimentación y una vida activa. La complejidad del fenómeno hace necesario tener en cuenta una serie de factores culturales, sociales o económicos que son los que, en última instancia, marcan las circunstancias vitales y la capacidad de decisión de los individuos.
En ese contexto, la familia se vislumbra como el núcleo ideal a través del que sembrar unos hábitos de vida adecuados. Y, según los resultados de recientes trabajos, puede ser muy útil en el combate contra los kilos de más. La última de estas investigaciones se ha publicado recientemente en la revista 'JAMA Pediatrics'.
Sus conclusiones muestran que promover rutinas en el hogar -relacionadas, por ejemplo, con el sueño, el tiempo dedicado a la TV o loshábitos a la hora de comer- ayuda a controlar el peso de los más pequeños. Además, también contribuyen a mejorar la duración del sueño y a disminuir el ocio dedicado a la pequeña campaña, dos factores que se han relacionado directamente con el riesgo de obesidad.
Partiendo de la hipótesis de que una intervención basada en el hogar aportaría importantes beneficios, un equipo de investigadores de la Universidad de Guelph (Ontario, Canadá) reclutó a 120 familias (con niños de entre dos y cinco años) con pocos recuros y pertenecientes a distintas minorías raciales y las dividieron en dos grupos. El primero de ellos contó con asesoramiento directo por parte de un educador que periódicamente les animaba (de forma presencial y virtual) a controlar el tiempo que sus hijos empleaban viendo la televisión, a retirar el televisor de sus cuartos, a comer en familia o a seguir un patrón de sueño adecuado a su edad, entre otras cosas. El programa no contemplaba ninguna referencia explícita al peso de los pequeños de la casa. El otro grupo, en cambio, sólo recibió material educativo relacionado con el control de la obesidad y el sobrepeso.
Después de seis meses de seguimiento, los investigadores comprobaron que los niños del grupo de intervención habían mejorado la duración de su sueño (un aumento de 0,75 horas al día), habían reducido el tiempo que empleaban viendo la televisión durante los fines de semana (-1,06 horas al día) y habían reducido su índice de masa corporal (-0,40). En cambio, en los pequeños del grupo control, estas cifras no presentaban mejoría alguna. Es más, durante el experimento, los niños de este grupo aumentaron su peso medio.
Pese a lo esperado, la intervención no mostró ninguna mejoría en cuanto a la mayor práctica de comidas familiares o la retirada del televisor de las habitaciones en donde dormían los niños. Esto último puede deberse, señalan los investigadores en la revista médica, a que hasta el 80% de los padres analizados señalaron que sus hijos dormían habitualmente en sus dormitorios.
En sus conclusiones, los investigadores señalan que su investigación arroja un interesante punto de vista sobre el que seguir investigando, aunque reconocen que los detalles de su investigación -como el hecho de que sólo se seleccionaron familias con pocos recursos- puede dificultar la generalización de sus resultados.
En un editorial que acompaña al trabajo en 'JAMA Pediatrics', Aaron E. Carroll, de la Universidad de Indiana (EEUU), hace hincapié en que este estudio demuestra que un programa que se centre en el cambio de hábitos en el hogar puede traducirse en "una mejorar con una mejorar en el peso o el índice de masa corporal" sin necesidad de centrarse exclusivamente "en la dieta y el ejercicio".